Resumen analítico
El artículo de Steel, Baker, Adams, Foley, Carter, Charnaud, Pillai et al. (2025) publicado en el Bulletin of the World Health Organization, titulado “Financiación mundial de la investigación en medicina tradicional, complementaria e integradora”, constituye un esfuerzo valioso por visibilizar la escasez de recursos destinados a este ámbito. Sin embargo, desde la perspectiva de la Naturopatía como ciencia autónoma (OCNFENACO, 2026; WNF, 2025), el artículo adolece de graves problemas conceptuales y estratégicos: (1) Babel semántica: utiliza el cajón de sastre “medicina tradicional, complementaria e integradora” (MTCI) sin desagregar las disciplinas, ocultando la especificidad de la Naturopatía; (2) Panmedicalismo y patocentrismo: enfoca la financiación casi exclusivamente en “cáncer y enfermedades cardiovasculares”, reduciendo las medicinas tradicionales a un papel de “terapias complementarias” para patologías; (3) Iatrocentrismo: mide la “integración” en sistemas de salud convencionales como el principal indicador de éxito, ignorando la autonomía de sistemas como la Naturopatía; (4) Borrado histórico: no menciona una sola vez la palabra “naturopatía” en sus 11 páginas, ni la Federación Mundial de Naturopatía (WNF), a pesar de que esta profesión cumple 130 años de historia institucional (1896‑2026) y ha desarrollado estándares de formación, investigación, certificación (ISO 17024) y cooperación internacional que superan en concreción a muchas de las propuestas genéricas del artículo. Este análisis crítico demuestra que los autores han pasado por alto el hecho de que “lo que la OMS plantea para la medicina tradicional ya lo tiene hecho la Naturopatía”, y que la financiación debería reorientarse hacia disciplinas bien definidas, comenzando por apoyar a la WNF como el organismo representativo de la Naturopatía a nivel mundial. Se ofrecen recomendaciones para futuras investigaciones y para la propia OMS.
Palabras
clave: Naturopatía, financiación de
la investigación, MTCI, borrado histórico, WNF, OMS, análisis crítico.
1.
Introducción: una publicación necesaria, pero con graves omisiones
En abril de
2025, el Bulletin of the World Health Organization publicó un
artículo de Steel, Baker, Adams, Foley, Carter, Charnaud, Pillai y
colaboradores que analiza el panorama global de la financiación de la
investigación en “medicina tradicional, complementaria e integradora” (MTCI).
El artículo es, sin duda, un esfuerzo loable por cuantificar una realidad hasta
ahora poco estudiada: la mayoría de los países destinan recursos
insignificantes a la investigación en sistemas de salud no convencionales, a
pesar de que hasta el 80% de la población mundial utiliza alguna forma de
medicina tradicional.
No obstante,
desde la óptica de la Naturopatía como ciencia autónoma, el
artículo comete un error capital: invisibiliza a la Naturopatía como
disciplina específica, la diluye en el magma de la MTCI y, al hacerlo, perpetúa
el mismo problema que critica. ¿Cómo es posible que en un análisis sobre
financiación de la investigación en MTCI no aparezca una sola vez la palabra
“naturopatía” y no se mencione a la Federación Mundial de Naturopatía
(WNF) —que representa a más de 30 países y a decenas de miles de
profesionales— como agente clave para canalizar recursos? La respuesta es
compleja: refleja el sesgo académico de un grupo de
investigadores (entre ellos, Amy Steel, Jon Adams, Hope Foley, etc.) que, a
pesar de su experiencia en el campo de la “medicina complementaria”, han
abordado el tema desde una perspectiva iatrocéntrica, patocéntrica
y panmedicalizadora, ignorando deliberadamente (o por desconocimiento)
la historia de 130 años de la Naturopatía institucional (1896‑2026)
y los avances que esta profesión ha logrado en estandarización, investigación y
cooperación internacional.
El presente
artículo desglosa estas críticas y propone una reorientación: la OMS y las
agencias de financiación deberían reconocer a la Federación Mundial de
Naturopatía (WNF) como interlocutor principal para la investigación en
Naturopatía, y destinar fondos específicos a proyectos que partan del criterio
Naturopático (vis regeneratrix, terreno, nodos convergentes,
mediadores de coherencia, MIN), no del marco genérico de la “medicina
integrativa”.
2. Babel
semántica: el cajón de sastre “MTCI” y la desaparición de la Naturopatía
El artículo
utiliza sistemáticamente el término “medicina tradicional, complementaria e
integradora” (MTCI) para agrupar una enorme diversidad de prácticas, productos
y sistemas: desde la medicina tradicional china (MTC) y el ayurveda hasta la
homeopatía, la quiropráctica, la osteopatía y, suponemos, la naturopatía. Sin
embargo, nunca se desagregan los datos por disciplina. Esto es
metodológicamente incorrecto, porque los patrones de financiación, las
infraestructuras de investigación y los paradigmas epistemológicos son muy
distintos entre unas y otras.
La Naturopatía
no es “medicina tradicional” en el
sentido antropológico (no es una práctica indígena vinculada a una cultura
ancestral concreta, aunque beba de tradiciones); no es meramente
“complementaria” (pues tiene un cuerpo de conocimiento y método
propios); y no es “integrativa” si por ello se entiende una
subordinación a la biomedicina. La Naturopatía es una ciencia de la
salud autónoma con ontología, epistemología y praxiología propias.
Al agrupar
todas las disciplinas bajo la misma etiqueta, el artículo borra las
especificidades y, lo que es peor, permite que los financiadores sigan
sin distinguir entre, por ejemplo, la investigación en hierbas medicinales
chinas y la investigación en el efecto de un Programa Personal de Salud (PPS)
en la calidad de vida. La falta de desagregación impide que se diseñen
políticas de financiación adaptadas a las necesidades reales de cada campo.
Consecuencia
para la Naturopatía: la profesión queda diluida y
no puede reivindicar su parte del pastel, porque el pastel se mide en términos
de “MTCI”, no de “Naturopatía”.
3.
Iatrocentrismo, patocentrismo y panmedicalismo: el sesgo de los indicadores de
éxito
El artículo se
centra en la financiación de la investigación para el cáncer y
las enfermedades cardiovasculares, que absorben más de la mitad de
los recursos (5.800 millones USD para cáncer, 2.200 millones para enfermedades
cardiovasculares). Este enfoque refleja un patocentrismo radical:
las medicinas tradicionales solo parecen interesantes en la medida en que
puedan “tratar” las grandes patologías de los países occidentales.
Además, se
mide la “integración” en los sistemas de salud convencionales como un indicador
de éxito. Este iatrocentrismo presupone que el objetivo último
de las medicinas tradicionales es convertirse en un apéndice de la biomedicina.
No se valora la autonomía, la prevención, la promoción de la salud ni la
capacidad de los sistemas tradicionales para abordar problemas que la
biomedicina no resuelve (por ejemplo, la fatiga crónica, los trastornos
funcionales, el malestar psicosomático).
La Naturopatía
ofrece una alternativa a esta lógica. Sus
outcomes no son solo biomédicos (presión arterial, glucemia), sino también
salutogénicos: calidad de vida, sentido de coherencia, capacidad de
autocuidado, reducción de la polimedicación. La investigación Naturopática no
debería juzgarse por su capacidad para “curar el cáncer”, sino por su capacidad
para prevenirlo mediante cambios en el estilo de vida,
para aliviar los efectos secundarios de la quimioterapia y
para mejorar la resiliencia de los supervivientes. Nada de
esto aparece en el artículo de Steel et al.
4. Borrado
histórico: 130 años de Naturopatía institucional (1896‑2026) ignorados
La Naturopatía
cumplió en 2026 130 años de historia institucional desde que
Benedict Lust fundara la primera escuela en los Estados Unidos. Durante este
siglo y medio, la profesión ha:
- Desarrollado asociaciones nacionales en
decenas de países (Alemania, Reino Unido, Canadá, Australia, España,
Brasil, India, etc.).
- Creado la Federación Mundial de
Naturopatía (WNF), con estatus consultivo ante la OMS.
- Establecido estándares globales de
formación (consensuados por la WNF y adoptados por muchos países).
- Implementado un Procedimiento Marco
de Certificación P.N.E. conforme a ISO/IEC 17024, que garantiza la
competencia profesional.
- Publicado miles de artículos científicos en
revistas indexadas, incluyendo ensayos clínicos, estudios de cohortes y
revisiones sistemáticas.
- Desarrollado una Metodología de
Intervención Naturopática (MIN) y una Praxiología propias.
- Generado guias de orientación (GOIN) y
una Clasificación Profesional Estandarizada (CPNE).
Nada de esto
se menciona en el artículo de Steel et al. Es como si la Naturopatía no
existiera. No se cita un solo estudio Naturopático, no se menciona a la WNF, no
se recomienda que los fondos se canalicen a través de ella. Este borrado
histórico es especialmente grave porque la Naturopatía es, quizás, la
disciplina de la MTCI que más ha avanzado en la estandarización de su práctica
y en la articulación de una red global de investigación.
Pregunta
incómoda: ¿Por qué los autores, todos
ellos investigadores en el campo de la “medicina complementaria”, no se han
interesado por la Naturopatía como disciplina específica? ¿Es desconocimiento,
desinterés o una forma de competencia disciplinar que invisibiliza a una
profesión que podría ser considerada “competidora” en el reparto de fondos? No
podemos saberlo, pero el resultado es el mismo: la Naturopatía sigue siendo
la gran ausente en los análisis de financiación global.
5. Lo que la
OMS plantea para la MTCI… ya lo tiene hecho la Naturopatía
El artículo de
Steel et al. se alinea con la Estrategia de la OMS sobre medicina
tradicional 2025‑2034, que propone:
- Apoyar la investigación en
MTCI.
- Fortalecer las infraestructuras
académicas (centros, programas de formación).
- Promover la integración en
los sistemas nacionales de salud.
- Respetar los sistemas de
conocimientos tradicionales.
Todo esto es
loable, pero la Naturopatía lleva décadas haciéndolo por sí misma, sin
esperar a que la OMS le conceda permiso. Tiene sus propios centros de
investigación, sus propias revistas, sus propias guías de práctica, su propio
sistema de certificación internacional. No necesita que la OMS “integre” nada;
necesita que la OMS reconozca su existencia y que apoye a la
WNF como el organismo competente para distribuir fondos.
Si la OMS y
los autores de este artículo realmente quisieran fortalecer la investigación en
MTCI, deberían:
- Desagregar los datos por disciplina y
reconocer que la Naturopatía es un campo específico.
- Contactar con la Federación Mundial
de Naturopatía (WNF) para diseñar convocatorias conjuntas.
- Financiar proyectos que partan del criterio
Naturopático, no que lo ignoren.
- Incluir a profesionales Naturópatas en los
paneles de revisión de subvenciones.
Nada de esto
aparece en el artículo.
6.
Repercusiones para la ciencia y la profesión Naturopática
El artículo de
Steel et al. tiene repercusiones negativas para la Naturopatía:
|
Repercusión |
Descripción |
|
Invisibilización continuada |
La Naturopatía sigue siendo
ignorada en los informes de alto nivel (Bulletin of the WHO), lo que
dificulta su reconocimiento por parte de gobiernos y agencias. |
|
Desvío de fondos |
Los escasos recursos
disponibles para “MTCI” se asignarán a grandes proyectos sobre “cáncer” o
“enfermedades cardiovasculares”, a menudo liderados por biomédicos que
utilizan las medicinas tradicionales como “fuente de principios activos”, no
para investigar la práctica autónoma de la Naturopatía. |
|
Falta de modelos de
investigación adecuados |
Al no mencionar la MIN, la
cartografía funcional, los nodos convergentes o los mediadores de coherencia,
el artículo no proporciona orientación sobre cómo investigar la Naturopatía
con sus propios métodos. |
|
Oportunidad perdida |
El artículo podría haber sido
una plataforma para que la WNF presentara sus estándares y su red. En lugar
de ello, refuerza la confusión terminológica. |
A corto plazo,
es probable que esta publicación no cambie nada: los financiadores seguirán sin
saber qué es la Naturopatía, y las solicitudes de investigación que usen el
término “Naturopatía” se perderán en el cajón de “MTCI”. A largo plazo, sin
embargo, el borrado histórico tiene consecuencias epistémicas:
si la Naturopatía no aparece en los documentos de la OMS, es como si no
existiera.
7. Propuesta
de acción: reclamar un espacio propio
Ante esta
situación, la Organización Colegial Naturopática (OCNFENACO), en
coordinación con la Federación Mundial de Naturopatía (WNF), está
dispuesta a:
- Redactar una respuesta
formal al artículo de Steel et al., que se
publique como carta al editor en el Bulletin of the WHO,
señalando las omisiones y ofreciendo datos sobre la financiación
específica de la investigación Naturopática.
- Solicitar una reunión con los autores y con la OMS para presentar el Corpus
Naturopaticum, la MIN y la red de investigación de RINA.
- Elaborar un informe
paralelo sobre la financiación de la
investigación Naturopática, utilizando las mismas bases de datos pero
desagregando los términos “naturopathy”, “naturopathic medicine”, “WNF”,
para cuantificar el verdadero peso de la disciplina.
- Promover una campaña de
visibilidad en redes sociales y medios académicos
bajo el lema: “#NaturopatíaExiste: 130 años de ciencia y no somos MTCI”.
- Exigir a las agencias de
financiación (como los NIH, el Instituto de Salud
Carlos III, el UK Research and Innovation) que incluyan la categoría
“Naturopatía” en sus sistemas de codificación de proyectos.
Si no lo
hacemos, otros seguirán hablando en nuestro nombre, y los fondos seguirán
yéndose a proyectos que no nos representan.
8.
Conclusiones
El artículo de
Steel, Baker, Adams, Foley, Carter, Charnaud, Pillai et al. (2025) es, a la
vez, un avance y un retroceso. Avance porque visibiliza la infrafinanciación de
las medicinas no convencionales. Retroceso porque, al usar el cajón de sastre
“MTCI”, invisibiliza a la Naturopatía, desconoce sus 130 años de
historia institucional, ignora a la WNF y perpetúa un modelo de investigación
patocéntrico, iatrocéntrico y panmedicalizador.
La Naturopatía
no es un apéndice de la biomedicina, no es una “medicina complementaria”, no es
una “terapia integrativa” subordinada. Es una
ciencia autónoma de la salud, con sus propios principios, métodos y estándares
internacionales. Tiene derecho a ser nombrada, a ser financiada y a participar
en pie de igualdad en los foros globales.
Recomendación
final a la OMS: incluyan la Naturopatía como
categoría específica en sus informes y estrategias, reconozcan a la Federación
Mundial de Naturopatía (WNF) como interlocutor principal, y destinen
fondos a proyectos que respeten el criterio Naturopático. Solo así se cumplirá
el objetivo de la Estrategia de Medicina Tradicional 2025‑2034.
Referencias
- Steel, A., Baker, K., Adams, J., Foley, H.,
Carter, T., Charnaud, S., ... & Pillai, G. K. G. (2025). Global
research funding for traditional, complementary and integrative
medicine. Bulletin of the World Health Organization, 103(11),
649. DOI pendiente.
- Naturopatía Digital. (2026). Corpus
Naturopaticum: Fundamentos, Metodología y Praxiología.
- Federación Mundial de Naturopatía (WNF).
(2025). Estándares globales para la formación y la práctica
naturopática.
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