sábado, 9 de mayo de 2026

Financiación global de la investigación en medicina tradicional, complementaria e integradora: un análisis crítico desde la Naturopatía sobre el sesgo semántico, el borrado histórico y la oportunidad perdida de reconocer a la Federación Mundial de Naturopatía

Resumen analítico

El artículo de Steel, Baker, Adams, Foley, Carter, Charnaud, Pillai et al. (2025) publicado en el Bulletin of the World Health Organization, titulado “Financiación mundial de la investigación en medicina tradicional, complementaria e integradora”, constituye un esfuerzo valioso por visibilizar la escasez de recursos destinados a este ámbito. Sin embargo, desde la perspectiva de la Naturopatía como ciencia autónoma (OCNFENACO, 2026; WNF, 2025), el artículo adolece de graves problemas conceptuales y estratégicos: (1) Babel semántica: utiliza el cajón de sastre “medicina tradicional, complementaria e integradora” (MTCI) sin desagregar las disciplinas, ocultando la especificidad de la Naturopatía; (2) Panmedicalismo y patocentrismo: enfoca la financiación casi exclusivamente en “cáncer y enfermedades cardiovasculares”, reduciendo las medicinas tradicionales a un papel de “terapias complementarias” para patologías; (3) Iatrocentrismo: mide la “integración” en sistemas de salud convencionales como el principal indicador de éxito, ignorando la autonomía de sistemas como la Naturopatía; (4) Borrado histórico: no menciona una sola vez la palabra “naturopatía” en sus 11 páginas, ni la Federación Mundial de Naturopatía (WNF), a pesar de que esta profesión cumple 130 años de historia institucional (1896‑2026) y ha desarrollado estándares de formación, investigación, certificación (ISO 17024) y cooperación internacional que superan en concreción a muchas de las propuestas genéricas del artículo. Este análisis crítico demuestra que los autores han pasado por alto el hecho de que “lo que la OMS plantea para la medicina tradicional ya lo tiene hecho la Naturopatía”, y que la financiación debería reorientarse hacia disciplinas bien definidas, comenzando por apoyar a la WNF como el organismo representativo de la Naturopatía a nivel mundial. Se ofrecen recomendaciones para futuras investigaciones y para la propia OMS.

Palabras clave: Naturopatía, financiación de la investigación, MTCI, borrado histórico, WNF, OMS, análisis crítico.

1. Introducción: una publicación necesaria, pero con graves omisiones

En abril de 2025, el Bulletin of the World Health Organization publicó un artículo de Steel, Baker, Adams, Foley, Carter, Charnaud, Pillai y colaboradores que analiza el panorama global de la financiación de la investigación en “medicina tradicional, complementaria e integradora” (MTCI). El artículo es, sin duda, un esfuerzo loable por cuantificar una realidad hasta ahora poco estudiada: la mayoría de los países destinan recursos insignificantes a la investigación en sistemas de salud no convencionales, a pesar de que hasta el 80% de la población mundial utiliza alguna forma de medicina tradicional.

No obstante, desde la óptica de la Naturopatía como ciencia autónoma, el artículo comete un error capital: invisibiliza a la Naturopatía como disciplina específica, la diluye en el magma de la MTCI y, al hacerlo, perpetúa el mismo problema que critica. ¿Cómo es posible que en un análisis sobre financiación de la investigación en MTCI no aparezca una sola vez la palabra “naturopatía” y no se mencione a la Federación Mundial de Naturopatía (WNF) —que representa a más de 30 países y a decenas de miles de profesionales— como agente clave para canalizar recursos? La respuesta es compleja: refleja el sesgo académico de un grupo de investigadores (entre ellos, Amy Steel, Jon Adams, Hope Foley, etc.) que, a pesar de su experiencia en el campo de la “medicina complementaria”, han abordado el tema desde una perspectiva iatrocéntrica, patocéntrica y panmedicalizadora, ignorando deliberadamente (o por desconocimiento) la historia de 130 años de la Naturopatía institucional (1896‑2026) y los avances que esta profesión ha logrado en estandarización, investigación y cooperación internacional.

El presente artículo desglosa estas críticas y propone una reorientación: la OMS y las agencias de financiación deberían reconocer a la Federación Mundial de Naturopatía (WNF) como interlocutor principal para la investigación en Naturopatía, y destinar fondos específicos a proyectos que partan del criterio Naturopático (vis regeneratrix, terreno, nodos convergentes, mediadores de coherencia, MIN), no del marco genérico de la “medicina integrativa”.

2. Babel semántica: el cajón de sastre “MTCI” y la desaparición de la Naturopatía

El artículo utiliza sistemáticamente el término “medicina tradicional, complementaria e integradora” (MTCI) para agrupar una enorme diversidad de prácticas, productos y sistemas: desde la medicina tradicional china (MTC) y el ayurveda hasta la homeopatía, la quiropráctica, la osteopatía y, suponemos, la naturopatía. Sin embargo, nunca se desagregan los datos por disciplina. Esto es metodológicamente incorrecto, porque los patrones de financiación, las infraestructuras de investigación y los paradigmas epistemológicos son muy distintos entre unas y otras.

La Naturopatía no es “medicina tradicional” en el sentido antropológico (no es una práctica indígena vinculada a una cultura ancestral concreta, aunque beba de tradiciones); no es meramente “complementaria” (pues tiene un cuerpo de conocimiento y método propios); y no es “integrativa” si por ello se entiende una subordinación a la biomedicina. La Naturopatía es una ciencia de la salud autónoma con ontología, epistemología y praxiología propias.

Al agrupar todas las disciplinas bajo la misma etiqueta, el artículo borra las especificidades y, lo que es peor, permite que los financiadores sigan sin distinguir entre, por ejemplo, la investigación en hierbas medicinales chinas y la investigación en el efecto de un Programa Personal de Salud (PPS) en la calidad de vida. La falta de desagregación impide que se diseñen políticas de financiación adaptadas a las necesidades reales de cada campo.

Consecuencia para la Naturopatía: la profesión queda diluida y no puede reivindicar su parte del pastel, porque el pastel se mide en términos de “MTCI”, no de “Naturopatía”.

3. Iatrocentrismo, patocentrismo y panmedicalismo: el sesgo de los indicadores de éxito

El artículo se centra en la financiación de la investigación para el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, que absorben más de la mitad de los recursos (5.800 millones USD para cáncer, 2.200 millones para enfermedades cardiovasculares). Este enfoque refleja un patocentrismo radical: las medicinas tradicionales solo parecen interesantes en la medida en que puedan “tratar” las grandes patologías de los países occidentales.

Además, se mide la “integración” en los sistemas de salud convencionales como un indicador de éxito. Este iatrocentrismo presupone que el objetivo último de las medicinas tradicionales es convertirse en un apéndice de la biomedicina. No se valora la autonomía, la prevención, la promoción de la salud ni la capacidad de los sistemas tradicionales para abordar problemas que la biomedicina no resuelve (por ejemplo, la fatiga crónica, los trastornos funcionales, el malestar psicosomático).

La Naturopatía ofrece una alternativa a esta lógica. Sus outcomes no son solo biomédicos (presión arterial, glucemia), sino también salutogénicos: calidad de vida, sentido de coherencia, capacidad de autocuidado, reducción de la polimedicación. La investigación Naturopática no debería juzgarse por su capacidad para “curar el cáncer”, sino por su capacidad para prevenirlo mediante cambios en el estilo de vida, para aliviar los efectos secundarios de la quimioterapia y para mejorar la resiliencia de los supervivientes. Nada de esto aparece en el artículo de Steel et al.

4. Borrado histórico: 130 años de Naturopatía institucional (1896‑2026) ignorados

La Naturopatía cumplió en 2026 130 años de historia institucional desde que Benedict Lust fundara la primera escuela en los Estados Unidos. Durante este siglo y medio, la profesión ha:

  • Desarrollado asociaciones nacionales en decenas de países (Alemania, Reino Unido, Canadá, Australia, España, Brasil, India, etc.).
  • Creado la Federación Mundial de Naturopatía (WNF), con estatus consultivo ante la OMS.
  • Establecido estándares globales de formación (consensuados por la WNF y adoptados por muchos países).
  • Implementado un Procedimiento Marco de Certificación P.N.E. conforme a ISO/IEC 17024, que garantiza la competencia profesional.
  • Publicado miles de artículos científicos en revistas indexadas, incluyendo ensayos clínicos, estudios de cohortes y revisiones sistemáticas.
  • Desarrollado una Metodología de Intervención Naturopática (MIN) y una Praxiología propias.
  • Generado guias de orientación (GOIN) y una Clasificación Profesional Estandarizada (CPNE).

Nada de esto se menciona en el artículo de Steel et al. Es como si la Naturopatía no existiera. No se cita un solo estudio Naturopático, no se menciona a la WNF, no se recomienda que los fondos se canalicen a través de ella. Este borrado histórico es especialmente grave porque la Naturopatía es, quizás, la disciplina de la MTCI que más ha avanzado en la estandarización de su práctica y en la articulación de una red global de investigación.

Pregunta incómoda: ¿Por qué los autores, todos ellos investigadores en el campo de la “medicina complementaria”, no se han interesado por la Naturopatía como disciplina específica? ¿Es desconocimiento, desinterés o una forma de competencia disciplinar que invisibiliza a una profesión que podría ser considerada “competidora” en el reparto de fondos? No podemos saberlo, pero el resultado es el mismo: la Naturopatía sigue siendo la gran ausente en los análisis de financiación global.

5. Lo que la OMS plantea para la MTCI… ya lo tiene hecho la Naturopatía

El artículo de Steel et al. se alinea con la Estrategia de la OMS sobre medicina tradicional 2025‑2034, que propone:

  • Apoyar la investigación en MTCI.
  • Fortalecer las infraestructuras académicas (centros, programas de formación).
  • Promover la integración en los sistemas nacionales de salud.
  • Respetar los sistemas de conocimientos tradicionales.

Todo esto es loable, pero la Naturopatía lleva décadas haciéndolo por sí misma, sin esperar a que la OMS le conceda permiso. Tiene sus propios centros de investigación, sus propias revistas, sus propias guías de práctica, su propio sistema de certificación internacional. No necesita que la OMS “integre” nada; necesita que la OMS reconozca su existencia y que apoye a la WNF como el organismo competente para distribuir fondos.

Si la OMS y los autores de este artículo realmente quisieran fortalecer la investigación en MTCI, deberían:

  1. Desagregar los datos por disciplina y reconocer que la Naturopatía es un campo específico.
  2. Contactar con la Federación Mundial de Naturopatía (WNF) para diseñar convocatorias conjuntas.
  3. Financiar proyectos que partan del criterio Naturopático, no que lo ignoren.
  4. Incluir a profesionales Naturópatas en los paneles de revisión de subvenciones.

Nada de esto aparece en el artículo.

6. Repercusiones para la ciencia y la profesión Naturopática

El artículo de Steel et al. tiene repercusiones negativas para la Naturopatía:

Repercusión

Descripción

Invisibilización continuada

La Naturopatía sigue siendo ignorada en los informes de alto nivel (Bulletin of the WHO), lo que dificulta su reconocimiento por parte de gobiernos y agencias.

Desvío de fondos

Los escasos recursos disponibles para “MTCI” se asignarán a grandes proyectos sobre “cáncer” o “enfermedades cardiovasculares”, a menudo liderados por biomédicos que utilizan las medicinas tradicionales como “fuente de principios activos”, no para investigar la práctica autónoma de la Naturopatía.

Falta de modelos de investigación adecuados

Al no mencionar la MIN, la cartografía funcional, los nodos convergentes o los mediadores de coherencia, el artículo no proporciona orientación sobre cómo investigar la Naturopatía con sus propios métodos.

Oportunidad perdida

El artículo podría haber sido una plataforma para que la WNF presentara sus estándares y su red. En lugar de ello, refuerza la confusión terminológica.

A corto plazo, es probable que esta publicación no cambie nada: los financiadores seguirán sin saber qué es la Naturopatía, y las solicitudes de investigación que usen el término “Naturopatía” se perderán en el cajón de “MTCI”. A largo plazo, sin embargo, el borrado histórico tiene consecuencias epistémicas: si la Naturopatía no aparece en los documentos de la OMS, es como si no existiera.

7. Propuesta de acción: reclamar un espacio propio

Ante esta situación, la Organización Colegial Naturopática (OCNFENACO), en coordinación con la Federación Mundial de Naturopatía (WNF), está dispuesta a:

  1. Redactar una respuesta formal al artículo de Steel et al., que se publique como carta al editor en el Bulletin of the WHO, señalando las omisiones y ofreciendo datos sobre la financiación específica de la investigación Naturopática.
  2. Solicitar una reunión con los autores y con la OMS para presentar el Corpus Naturopaticum, la MIN y la red de investigación de RINA.
  3. Elaborar un informe paralelo sobre la financiación de la investigación Naturopática, utilizando las mismas bases de datos pero desagregando los términos “naturopathy”, “naturopathic medicine”, “WNF”, para cuantificar el verdadero peso de la disciplina.
  4. Promover una campaña de visibilidad en redes sociales y medios académicos bajo el lema: “#NaturopatíaExiste: 130 años de ciencia y no somos MTCI”.
  5. Exigir a las agencias de financiación (como los NIH, el Instituto de Salud Carlos III, el UK Research and Innovation) que incluyan la categoría “Naturopatía” en sus sistemas de codificación de proyectos.

Si no lo hacemos, otros seguirán hablando en nuestro nombre, y los fondos seguirán yéndose a proyectos que no nos representan.

8. Conclusiones

El artículo de Steel, Baker, Adams, Foley, Carter, Charnaud, Pillai et al. (2025) es, a la vez, un avance y un retroceso. Avance porque visibiliza la infrafinanciación de las medicinas no convencionales. Retroceso porque, al usar el cajón de sastre “MTCI”, invisibiliza a la Naturopatía, desconoce sus 130 años de historia institucional, ignora a la WNF y perpetúa un modelo de investigación patocéntrico, iatrocéntrico y panmedicalizador.

La Naturopatía no es un apéndice de la biomedicina, no es una “medicina complementaria”, no es una “terapia integrativa” subordinada. Es una ciencia autónoma de la salud, con sus propios principios, métodos y estándares internacionales. Tiene derecho a ser nombrada, a ser financiada y a participar en pie de igualdad en los foros globales.

Recomendación final a la OMS: incluyan la Naturopatía como categoría específica en sus informes y estrategias, reconozcan a la Federación Mundial de Naturopatía (WNF) como interlocutor principal, y destinen fondos a proyectos que respeten el criterio Naturopático. Solo así se cumplirá el objetivo de la Estrategia de Medicina Tradicional 2025‑2034.

Referencias

  • Steel, A., Baker, K., Adams, J., Foley, H., Carter, T., Charnaud, S., ... & Pillai, G. K. G. (2025). Global research funding for traditional, complementary and integrative medicine. Bulletin of the World Health Organization, 103(11), 649. DOI pendiente.
  • Naturopatía Digital. (2026). Corpus Naturopaticum: Fundamentos, Metodología y Praxiología.
  • Federación Mundial de Naturopatía (WNF). (2025). Estándares globales para la formación y la práctica naturopática.

 Nota final: Este artículo ha sido redactado en el marco de la línea de investigación en Praxiología Naturopática y Metodología de Intervención (MIN) de la Red de Investigación Naturopática RINA, en diálogo con las contribuciones de Naturopatía Digital. Su objetivo es ofrecer una respuesta crítica, fundamentada y propositiva al artículo de Steel et al. sobre financiación global, reivindicando la existencia, la historia y el marco científico propio de la Naturopatía, y exigiendo su reconocimiento por parte de la OMS y la comunidad académica internacional.

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