Resumen
La consolidación de la Naturopatía como disciplina autónoma exige una delimitación clara de su objeto de estudio y de su ámbito competencial. Para ello, es necesario distinguir dos conceptos a menudo confundidos: la prevención de la enfermedad (propia del ámbito médico-sanitario) y la promoción de la salud (propia del ámbito Naturopático). Mientras que la prevención opera bajo un modelo reactivo y patocéntrico, orientado a la identificación y eliminación de factores de riesgo para evitar la aparición de enfermedades específicas, la promoción de la salud actúa desde un modelo proactivo y salutogénico, orientado a fortalecer las capacidades y recursos de los Salutantes para que ejerzan un mayor control sobre su propia salud y la mejoren. El presente artículo desarrolla esta distinción fundamental y la conecta con el concepto de salud contagiosa, acuñado por Antoine Chapdelaine y Pierre Gosselin, que describe la capacidad de los hábitos y actitudes salutogénicas para irradiarse en el entorno social, generando un efecto multiplicador de bienestar. Se argumenta que la praxis Naturopática, al centrarse en la promoción de la salud y en la creación de salud contagiosa, no solo se diferencia nítidamente del acto médico (centrado en la prevención y el tratamiento de la enfermedad), sino que también reivindica su autonomía disciplinar y su valor único en el marco de las Ciencias de la Salud.


