
El sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO) se produce cuando toda la población bacteriana crece de forma anormal en el intestino delgado, en particular bacterias que normalmente no se encuentran en esta parte del sistema digestivo. Una vez establecidas en el intestino delgado, estas bacterias pueden causar diversos síntomas al fermentar alimentos como la fibra y los azúcares, un proceso que normalmente ocurre en el intestino grueso. Este proceso de fermentación libera gases de hidrógeno, metano y sulfuro de hidrógeno en el intestino delgado, lo que puede provocar síntomas como hinchazón, dolor, dispepsia, disminución de la motilidad intestinal (estreñimiento) o aumento de la presión osmótica en el colon (diarrea). Generalmente, el SIBO por hidrógeno y sulfuro de hidrógeno se asocia con heces blandas/diarrea, mientras que el SIBO por metano se asocia con estreñimiento. El SIBO puede causar numerosos problemas digestivos, especialmente en personas diagnosticadas con síndrome del intestino irritable (SII), dado que se estima que entre el 7 % y el 78 % de las personas con SII también tienen SIBO, por lo que no se considera un trastorno psiquiátrico.