martes, 7 de julio de 2026

El problema de la nomenclatura, la taxonomía y el marco conceptual en la Naturopatía: un análisis crítico del artículo de Wallace (2003). De la ambigüedad terminológica a la necesidad de un marco conceptual riguroso y operativo

1. Introducción: una crítica necesaria

En el año 2003, E.C. Wallace publicó en The Journal of Alternative and Complementary Medicine un artículo titulado «Naturopathic vitalism: a viable conceptual framework for a 21st-century healthcare system». En él, el autor defendía la vigencia del vitalismo como marco conceptual para la Naturopatía, situándolo como un pilar filosófico capaz de sostener un sistema de salud alternativo al paradigma biomédico dominante.

Han pasado más de dos décadas desde entonces. Y, sin embargo, el debate sobre el marco conceptual de la Naturopatía sigue arrastrando los mismos problemas que Wallace abordó —y que, en muchos aspectos, contribuyó a perpetuar—. La cuestión no es si el vitalismo es o no «viable». La cuestión es que el vitalismo, tal como ha sido formulado tradicionalmente, adolece de una vaguedad terminológica y de una falta de operatividad que lo convierten en un obstáculo para el desarrollo científico de la Naturopatía.

Este artículo se propone realizar un análisis crítico del planteamiento de Wallace, no desde el rechazo al vitalismo como principio, sino desde la exigencia de rigor conceptual, terminológico y taxonómico que toda disciplina científica debe satisfacer. La Naturopatía, como área de conocimiento autónomo dentro del marco de las Ciencias de la Salud, no puede permitirse el lujo de mantener un discurso filosófico que no se traduzca en categorías operativas, definiciones precisas y un marco conceptual que guíe la praxis y la investigación.

2. El vitalismo según Wallace: un marco conceptual o una declaración de intenciones

2.1. La ambigüedad del término «vitalismo»

Wallace presenta el vitalismo como un marco conceptual «viable» para la Naturopatía. Sin embargo, su artículo —y buena parte de la literatura Naturopática que lo ha seguido— adolece de una definición precisa de lo que se entiende por vitalismo. ¿Es una fuerza? ¿Es un principio organizador? ¿Es una propiedad emergente de los sistemas vivos? ¿Es una entidad metafísica? ¿Es una categoría epistemológica?

La literatura crítica ha señalado que el vitalismo en la Naturopatía se basa en la «afirmación pre-siglo XX de que los procesos biológicos no se ajustan a los principios físicos y químicos universales». Y, en efecto, esa es una de las interpretaciones posibles. Pero también es una interpretación que condena al vitalismo a ser percibido como una reliquia precientífica, incompatible con el avance del conocimiento biológico.

Wallace no resuelve esta ambigüedad. Al no ofrecer una definición operativa del vitalismo, su marco conceptual se convierte en una declaración de intenciones filosóficas, pero no en una herramienta útil para la práctica clínica o la investigación.

2.2. La confusión entre vitalismo y holismo

Otro problema recurrente en el artículo de Wallace —y en la literatura Naturopática en general— es la confusión entre vitalismo y holismo. Ambos conceptos se presentan como si fueran intercambiables o, al menos, como si el primero implicara necesariamente al segundo. Pero no es así.

El holismo es una categoría epistemológica que afirma que el todo es más que la suma de sus partes y que los sistemas vivos deben ser comprendidos en su totalidad. El vitalismo, en cambio, es una categoría ontológica que postula la existencia de una fuerza o principio vital distinto de los procesos físicos y químicos.

Un enfoque puede ser holista sin ser vitalista —la biología de sistemas es un ejemplo paradigmático—. Y un enfoque puede ser vitalista sin ser holista —ciertas formas de dualismo cartesiano lo son—. Al confundir ambos conceptos, Wallace contribuye a la imprecisión terminológica que lastra el discurso Naturopático.

2.3. La falta de articulación con la ciencia contemporánea

El artículo de Wallace fue publicado en 2003, un año antes de que la biología de sistemas comenzara a consolidarse como un campo de investigación de pleno derecho. Sin embargo, incluso en ese momento, ya existía una creciente evidencia de que los procesos biológicos podían ser comprendidos en términos de redes de interacciones, feedback loops y propiedades emergentes, sin necesidad de recurrir a una «fuerza vital» de carácter metafísico.

Wallace no dialoga con esta evidencia. Su artículo se sitúa en un plano exclusivamente filosófico, sin establecer puentes con la fisiología, la bioquímica o la biología molecular. El resultado es un marco conceptual que, por muy «viable» que sea en el plano de las ideas, no ofrece ninguna guía práctica para el diseño de intervenciones, la generación de hipótesis o la interpretación de resultados.

3. El problema de la nomenclatura y la taxonomía

3.1. La ausencia de un lenguaje unificado

Uno de los problemas más graves que aqueja a la Naturopatía es la falta de un lenguaje unificado. Términos como «vitalismo», «fuerza vital», «energía», «terreno», «constitución», «diátesis» y «salutogénesis» se utilizan de manera inconsistente, con significados que varían según el autor, la escuela o incluso el contexto.

Wallace, al defender el vitalismo como marco conceptual, no ofrece una propuesta terminológica que permita estandarizar estos conceptos. Al contrario, al mantener el vitalismo en un plano de ambigüedad filosófica, contribuye a la perpetuación de la confusión terminológica.

Como ya hemos señalado en otros trabajos, la Naturopatía necesita ontologías propias —sistemas de clasificación y conceptualización que definan los elementos fundamentales de la disciplina— y una nomenclatura estandarizada que permita la comunicación precisa entre profesionales y la investigación reproducible.

3.2. La taxonomía de las intervenciones: un vacío crítico

Otro problema que el artículo de Wallace no aborda es la taxonomía de las intervenciones Naturopáticas. ¿Cómo clasificamos los estímulos naturales? ¿Cómo categorizamos las respuestas del Salutante? ¿Cómo establecemos relaciones entre diferentes tipos de intervención y diferentes perfiles de terreno?

Sin una taxonomía clara, la investigación Naturopática se enfrenta a un problema de comparabilidad: los resultados de un estudio no pueden ser comparados con los de otro si los criterios de clasificación de las intervenciones o de los Salutantes son diferentes. La falta de una taxonomía compartida es, probablemente, uno de los factores que más ha contribuido a la percepción de que la Naturopatía «carece de evidencia».

3.3. La necesidad de un marco conceptual que integre niveles de análisis

Un marco conceptual adecuado debe ser capaz de integrar múltiples niveles de análisis: desde el molecular hasta el sistémico, desde el individual hasta el poblacional, desde el fisiológico hasta el psicológico y social.

El vitalismo, tal como lo formula Wallace, se sitúa en un nivel exclusivamente filosófico y no ofrece puentes hacia los niveles inferiores (moleculares, celulares) ni hacia los superiores (ecológicos, sociales). El resultado es un marco conceptual que, por muy inspirador que sea, no puede guiar la investigación empírica ni la práctica clínica con el nivel de precisión que exige una ciencia de la salud.

4. Las consecuencias de la imprecisión conceptual

4.1. Para la investigación: la dificultad de generar hipótesis contrastables

Un marco conceptual vago y una terminología imprecisa dificultan la generación de hipótesis contrastables. Si el concepto de «fuerza vital» no está definido de manera operativa, ¿cómo podemos diseñar un estudio que mida su variación? ¿Qué indicadores utilizaríamos? ¿Qué predicciones haríamos?

La investigación Naturopática necesita conceptos que puedan ser traducidos a variables medibles. Sin esa traducción, la investigación se queda en el plano de la descripción o, en el mejor de los casos, de la correlación, pero no puede avanzar hacia la explicación causal.

4.2. Para la práctica clínica: la dificultad de la comunicación y la estandarización

En la práctica clínica, la imprecisión terminológica se traduce en dificultades de comunicación entre profesionales, y entre profesionales y Salutantes. Si cada Naturópata utiliza un lenguaje diferente para describir su enfoque, sus intervenciones y sus resultados, ¿cómo puede establecerse un cuerpo de conocimiento compartido? ¿Cómo pueden los Salutantes tomar decisiones informadas si el lenguaje que se utiliza es opaco o ambiguo?

La estandarización de la nomenclatura y la taxonomía es una condición necesaria para la profesionalización de la Naturopatía y para su integración en los sistemas de salud.

4.3. Para el reconocimiento social: la perpetuación del estigma

La ambigüedad conceptual y terminológica ha sido utilizada históricamente por los detractores de la Naturopatía para desacreditar la disciplina. La asociación del vitalismo con una «fuerza vital» de carácter metafísico ha permitido a críticos como los de Science-Based Medicine calificar la Naturopatía de pseudociencia.

Mientras la Naturopatía no sea capaz de ofrecer un marco conceptual claro, riguroso y operativo, seguirá siendo vulnerable a este tipo de ataques. Y lo que es peor: seguirá alejando a potenciales colaboradores e investigadores que, compartiendo el interés por un enfoque holístico y preventivo, no encuentran en el discurso Naturopático un lenguaje que les resulte inteligible y riguroso.

5. Hacia un marco conceptual renovado: la Naturopatía Basada en la Evidencia (NBE)

5.1. Superar el vitalismo sin renunciar al principio

La crítica al artículo de Wallace no implica rechazar el principio que el vitalismo intenta expresar: la capacidad intrínseca del organismo para autorregularse, repararse y adaptarse. Como hemos desarrollado en otros trabajos, este principio tiene un correlato científico verificable en mecanismos como la producción de ATP, las proteínas de choque térmico, el factor p53, la respuesta al estrés celular y la epigenética.

Lo que la Naturopatía exige no es abandonar este principio, sino sustantivarlo —traducirlo al lenguaje de la fisiología, la bioquímica, la genética y la biología de sistemas—. El paradigma ecobiopsicosocial y la biología de sistemas ofrecen marcos mucho más precisos y operativos que el vitalismo tradicional.

5.2. La NBE como marco epistemológico

La Naturopatía Basada en la Evidencia (NBE) no es una concesión a la biomedicina, sino una evolución intrínseca que fortalece la esencia de la Naturopatía. La NBE propone:

  • Una ontología propia: el Salutante como unidad bio-psico-social-ecológica-espiritual; el terreno como matriz de salud.
  • Una epistemología propia: la pluralidad de métodos de investigación (cuantitativos, cualitativos, mixtos).
  • Una metodología propia: la MIN (Metodología de la Intervención Naturopática).
  • Una praxiología propia: la COPRANA (Coordinación Praxiológica Naturopática).
  • Una axiología propia: el respeto por la capacidad de autocuración, la prevención, la individualización.
  • Una nomenclatura y taxonomía propias: conceptos como Salutante, higiopraxiología, terreno, Estado Óptimo de Salud.

Este marco conceptual no es vitalista en el sentido tradicional, pero recoge y potencia el principio que el vitalismo intentaba expresar: la capacidad del organismo para mantener su coherencia y su salud.

5.3. La exigencia de una taxonomía operativa

La NBE cuenta con una taxonomía operativa que permite:

  • Clasificar las intervenciones Naturopáticas de manera precisa y reproducible.
  • Categorizar los perfiles de terreno de los Salutantes.
  • Establecer relaciones entre tipos de intervención y perfiles de respuesta.
  • Diseñar estudios que puedan ser comparados y replicados.

Esta taxonomía no es un lujo intelectual: es una condición sine qua non para la investigación rigurosa y para el reconocimiento de la Naturopatía como ciencia autónoma.

6. Conclusión: de la filosofía a la ciencia

El artículo de Wallace (2003) tuvo el mérito de poner sobre la mesa el debate sobre el marco conceptual de la Naturopatía. Pero su propuesta, al mantenerse en un plano exclusivamente filosófico y no ofrecer una traducción operativa de sus conceptos, ha contribuido a perpetuar los problemas que pretendía resolver.

La Naturopatía se fundamenta el vitalismo como categoría filosófica para lo sustantiviza como principio científico. Exige definir su nomenclatura y su taxonomía con la misma precisión con que lo hacen otras ciencias de la salud. Requiere construir un marco conceptual integrando los niveles molecular, fisiológico, sistémico, psicológico y social, y que ofrezca guías claras para la práctica y la investigación.

Este es el camino que la Naturopatía Basada en la Evidencia (NBE), la Metodología de la Intervención Naturopática (MIN) y la Coordinación Praxiológica Naturopática (COPRANA) están recorriendo. No es un camino fácil, pero es el único que esta llevando a la Naturopatía a ocupar el lugar que le corresponde en el marco de las Ciencias de la Salud.

Naturopatía, ahora más que nunca.

Nota final. Este artículo ha sido redactado en el marco de la línea de investigación en Epistemología y Marco Conceptual de la Naturopatía de la Red de Investigación Naturopática (RINA) , en diálogo con las contribuciones de Naturopatía Digital. Su objetivo es ofrecer un análisis crítico y constructivo del artículo de Wallace (2003) sobre el vitalismo Naturopático, señalando sus limitaciones terminológicas, taxonómicas y conceptuales, y proponiendo un camino hacia un marco conceptual más riguroso y operativo en el contexto de la NBE, la MIN y la COPRANA.

Referencias bibliográficas

  1. Wallace, E. C. (2003). Naturopathic vitalism: a viable conceptual framework for a 21st-century healthcare system. The Journal of Alternative and Complementary Medicine, *9*(4), 597-601.

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