Introducción
Durante el último año, el amor propio se ha convertido en uno de los factores de salud mental más importantes que analizo en mi clínica. En la literatura, el término autocompasión, desarrollado con fuerza por Kristin Neff, ha emergido como un componente crítico del bienestar mental, emocional y físico. 1 Un creciente cuerpo de investigación muestra que niveles más altos de autocompasión se asocian con una mejor regulación del estado de ánimo, una disminución del malestar psicológico y una mayor resiliencia a lo largo de la vida. 2,3 En contextos clínicos, el amor propio y la autocompasión ofrecen a los pacientes un marco a través del cual pueden reinterpretar los factores estresantes, desafiar la vergüenza internalizada y reconectarse con su propia humanidad. El modelo seminal de autocompasión de Kristin Neff, compuesto por autoamabilidad, humanidad común y atención plena, sigue siendo uno de los marcos validados más ampliamente discutidos para evaluar y cultivar el apoyo emocional interno. 1 Clínicamente uso ambos términos, amor propio y autocompasión, ya que el amor propio se reconoce más coloquialmente. El trabajo de Sonja Renee Taylor, 'El cuerpo no es una disculpa: el poder del amor propio radical', es uno al que también hago referencia con frecuencia en la clínica.4