martes, 14 de febrero de 2017

La Organización Colegial Naturopática recuerda la vida y obra de Robert Walter, en el 176 aniversario de su nacimiento, por su gran aporte a la sistematización de la Naturopatía

La Organización Colegial Naturopática recuerda la vida y obra de Robert Walter, en el 176 aniversario de su nacimiento, por su gran aporte a la sistematización de la Naturopatía, enunciando el principio que lleva su nombre, principio que supone una idea heurística de amplio desarrollo y que en la práctica Naturopática ocupa un lugar singular como fundamento de la Naturopatía.

Robert Walter nació el 14 de febrero de 1841. Al igual que Graham, Trall, Tilden y muchos otros, pioneros de la Naturopatía, se vio obligado a estudiar el asunto de la salud por si mismo, ya que, según Walter, los médicos están interesados en la "enfermedad", no en la salud. Se formo académicamente en el Hygieo-Therapeutic College fundado y dirigido por Trall. Era un hombre de mente brillante, un pensador agudo y lógico.

Su institución de Salud Natural en Wernersvllle, Pennsylvania, fue una institución grande y se hizo famoso en todo el mundo por la excelencia de los resultados obtenidos en ella en el cuidado de todas las formas de deterioro de la salud, incluyendo las condiciones llamadas incurable.

Robert Walter es el autor de varios pequeños tratados, como, por ejemplo, su The Nutritive Cure, 1881: Hygienic Hydropathy, en el que trató de alejarse de las formas más severas de aplicación del agua, Philosophy of Health Reform; Hygienic Treatment - What is it?; How Sick People are Cured; A Defense of Hygienic Treatment; Drug Medicines as Causes of Disease; Alcohol as a Cause of Disease; uno sobre la difteria y otros más. También fue autor de The Laws of Health.

En 1970, Marchesseau y Jauvais intentan sistematizar los principios fundamentales de la Naturopatía estructurándolos en leyes o principios que denominaron "Las Leyes Naturopáticas".

Uno de estos principios fue enunciado por Robert Walter (1841 - 1924) de la siguiente forma: Cada célula viva de un cuerpo organizado esta dotada de un instinto de conservación mantenido por una fuerza inherente al organismo, que se denomina generalmente "fuerza vital", y cuyo éxito en su trabajo es directamente proporcional a la magnitud de esta fuerza, e inversamente proporcional a su actividad.

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