Resumen
El 13 de agosto de 1799, en la localidad cordobesa de Lucena, el comisario inquisitorial tomaba declaración a una mujer detenida. Su nombre era Josefa Tomasa Rojas y Bueno, conocida popularmente como "Tomasa la Chiclanera". Cuando se le preguntó por su oficio, ella respondió con firmeza: "que era saludadora". Este breve episodio, registrado en los archivos de la Inquisición, nos abre una ventana a un mundo fascinante: el de los saludadores, figuras populares que durante siglos ejercieron una práctica de curación basada en el aliento, la saliva y ciertos conocimientos empíricos, y que constituyen uno de los antecedentes históricos más directos de la Naturopatía en España.
Este artículo,
de carácter histórico-onomástico, rescata la figura de Tomasa la Chiclanera y
la sitúa en el contexto más amplio de los saludadores, analizando:
- La definición y origen de
los saludadores: Provenientes del latín salutator-oris,
el saludador era aquel que "restaura la salud", es decir,
"dador de salud". Surgieron en la España de los siglos XV al XX,
trascendiendo todas las clases sociales.
- La capacitación y
regulación de su oficio: A diferencia de otros
curanderos, los saludadores estaban en cierto modo admitidos por la
Iglesia, que les otorgaba licencias tras un examen. Existían examinadores
públicos, como en Valencia, donde las pruebas incluían curar perros con
rabia o apagar barras de hierro candentes con la lengua.
- Su reconocimiento social y
económico: Los saludadores eran contratados por
ayuntamientos y concejos, percibían salarios anuales en dinero o trigo, y
en ocasiones estaban exentos de impuestos. Se conservan contratos de
villas como Madrid (1495), Nájera (1456), Enguera (1621) y numerosos
pueblos de Álava, Guipúzcoa y Soria.
- Su relación con la
Inquisición: Aunque perseguidos cuando se les acusaba
de pacto con el demonio, los saludadores que utilizaban únicamente su
aliento y su saliva, sin supersticiones, no eran procesados. El caso de
Tomasa la Chiclanera se inscribe en este contexto de vigilancia
inquisitorial sobre las prácticas curativas populares.
Palabras clave: Saludadores, Josefa Tomasa Rojas y Bueno, Tomasa la Chiclanera, historia
de la Naturopatía, antecedentes profesionales, Inquisición, curación popular,
rabia, oficios sanitarios, Corpus Naturopaticum.
1. Introducción: Los Saludadores como Antecedentes de
la Naturopatía
La historia de
la Naturopatía no comienza con Benedict Lust en 1896, ni siquiera con los
grandes higienistas del siglo XIX. Sus raíces se hunden en tradiciones
milenarias de curación natural que han acompañado a la humanidad desde sus
orígenes. En España, una de las manifestaciones más interesantes de esta
tradición es la figura del saludador.
El término
"saludador" (o "salutador") proviene del latín salutator-oris y
designa a aquel que restaura la salud, el "dador de salud”.
Surgidos en el contexto cultural y antropológico de la España de los siglos XV
al XX, los saludadores fueron figuras bien consideradas socialmente, a pesar de
los procesos inquisitoriales que en ocasiones sufrieron. De origen popular,
trascendieron a todas las clases sociales, sin excluir a la realeza.
El caso
de Josefa Tomasa Rojas y Bueno, "Tomasa la Chiclanera",
detenida por la Inquisición en 1799, es un ejemplo paradigmático de estas
figuras en el ocaso del Antiguo Régimen. Su declaración —"que era
saludadora"— es un testimonio de la pervivencia de un oficio que, a pesar
de los avances de la medicina, seguía siendo demandado por las poblaciones
rurales y urbanas.
2. Definición y Origen de los Saludadores
2.1. ¿Qué era un Saludador?
El saludador
era un sanador popular cuya principal herramienta terapéutica era su aliento
y su saliva. Mediante el soplo y la aplicación de saliva sobre las heridas,
especialmente las producidas por mordeduras de perros rabiosos, pretendían
curar o aliviar el mal. También utilizaban, en algunos casos, alcohol, vino,
hierbas y ciertos procedimientos rituales.
Su campo de
actuación privilegiado era la rabia (hidrofobia), una
enfermedad temida y casi siempre mortal que la medicina oficial no sabía tratar.
Pero también curaban otras dolencias: lamparones (escrófula), heridas,
mordeduras de otros animales, y en ocasiones "saludaban" a los
ganados para protegerlos de epidemias.
2.2. Origen y Evolución Histórica
El primer dato
historiográfico documentado sobre un saludador en España data de 1483,
en la villa de Madrid, donde se pagaron 10 reales a uno que vino a "saludar
a varias personas que avía mordido un perro que rraviava". En 1495,
Madrid contrató a Juan Rodríguez de Palacio, vecino de Getafe, para que
sirviera como saludador de la villa a cambio de un cahíz de trigo anual.
A lo largo de
los siglos XVI, XVII y XVIII, los saludadores se extendieron por toda la
geografía española. Aparecen en los tratados antisupersticiosos de Fray Martín
de Castañega (1529) y Pedro Ciruelo (1556), quienes critican duramente sus prácticas.
En Álava, Navarra, Valencia, Murcia, Soria, Madrid y otras regiones, los
ayuntamientos contrataban sus servicios, pagándoles salarios en dinero o en especie.
El Catastro de
Ensenada (mediados del siglo XVIII) registra la existencia de saludadores en
numerosas localidades, con utilidades anuales que oscilaban entre los 45 y los
550 reales. En Madrid, existía incluso un "Gremio de Saludadores"
inscrito en el Registro de Oficios.
3. La Capacitación y Regulación del Oficio
3.1. La Licencia Eclesiástica
Una de las
características más singulares de los saludadores es que, a diferencia de otros
curanderos, estaban en cierto modo admitidos por la Iglesia. Los
obispos o el Tribunal de la Inquisición les proporcionaban una licencia tras un
examen. Así lo establecían sínodos diocesanos, como el de Pamplona (1581) y el
de Cuenca (1626), que determinaban que no se consintieran saludadores sin la
preceptiva licencia eclesiástica.
En 1663, un
visitador eclesiástico de la parroquia de Erenchún (Álava) mandó: "damos
comisión al cura para que repela y eche del dicho lugar y los demás de este
arciprestazgo de Eguilaz donde supiere anda la dicha saludadora, y no la admita
a exercer el dicho oficio en que se ocupa hasta que parezca ante el ordinario a
ser examinada del dicho oficio" .
Los exámenes
comprobaban, más que la capacidad curativa, que el poder del saludador no
proviniera de un pacto con el demonio.
3.2. Los Exámenes Públicos
En la ciudad
de Valencia existieron durante los siglos XVI y XVII examinadores de
saludadores, funcionarios públicos designados por las autoridades. Las
pruebas consistían en curar a perros enfermos de rabia utilizando la saliva y,
además, en apagar una barra de hierro y un trozo de plata candentes
poniendo la lengua sobre ellos. Superadas estas pruebas, los aspirantes
obtenían su licencia, prestaban juramento y quedaban habilitados para ejercer.
Un ejemplo es
Joan Sans de Ayala, nombrado saludador de Valencia, sin salario, aunque con el
privilegio de llevar y tener en su casa las armas de la ciudad.
3.3. El Intrusismo Profesional
Ya en el siglo
XVIII existía el problema del intrusismo. En Murcia, el 30 de enero
de 1703, el saludador Fulgencio Sevilla, que poseía licencia del Ayuntamiento,
denunció a un tal Miguel del Olmo, "que sea introduzido de pocos
días a esta parte a ejerzer la misma facultad, no la use”. El Ayuntamiento
exigió al intruso que presentara sus documentos y, al no poder hacerlo, ordenó
que un regidor procediera a examinarlo.
En 1712,
Sevilla volvió a quejarse, "pidiendo la supresión de tales excesos”,
lo que demuestra que el intrusismo era un fenómeno recurrente.
4. Josefa Tomasa Rojas y Bueno, "Tomasa la
Chiclanera"
4.1. El Contexto de su Detención
El 13 de
agosto de 1799, en la localidad cordobesa de Lucena, el comisario inquisitorial
tomaba declaración a Josefa Tomasa Rojas y Bueno, conocida como "Tomasa la
Chiclanera". Se la había detenido y se le preguntó por su oficio. Su
respuesta fue clara y rotunda: "que era saludadora”.
Este breve
registro nos sitúa en el ocaso del Antiguo Régimen, cuando la Inquisición aún
ejercía su vigilancia sobre las prácticas populares, pero también en un momento
en que la figura del saludador comenzaba a declinar ante el avance de la
medicina.
4.2. ¿Quién Era Tomasa la Chiclanera?
Desconocemos
muchos detalles de su vida. Sabemos que era natural de Chiclana de la Frontera
(Cádiz), de ahí su apodo, y que en el momento de su detención se encontraba en
Lucena (Córdoba). Era mujer, lo que no era excepcional, pues muchas saludadoras
ejercieron el oficio. En Enguera (Valencia), en 1631, Josefa Medina ejercía
como saludadora. En Viana (Navarra), María Almarza fue contratada durante la
primera mitad del siglo XVII. Y en Álava, en 1605, el concejo de Lagrán pagaba
a una saludadora dos fanegas y media de trigo al año.
4.3. Significado de su Declaración
La declaración
de Tomasa —"que era saludadora"— no era una simple afirmación. Era la
reivindicación de un oficio reconocido, con tradición, con
licencias eclesiásticas, con contratos municipales y con un estatus social que,
aunque ambiguo, le otorgaba cierta legitimidad. Al declararse saludadora,
Tomasa se situaba en una tradición centenaria, al mismo tiempo que se defendía de
la acusación de hechicería o brujería que la Inquisición podría haberle
imputado.
4.4. El Papel de la Inquisición
La Inquisición
vigilaba a los saludadores, pero no los perseguía a todos. Los que empleaban
oraciones cristianas, persignaciones, estampas religiosas o invocaciones a
santos, podían ser procesados por superstición. Los que, como Tomasa, se
limitaban a soplar y aplicar su saliva, estaban en un terreno más seguro. Como
escribió el canónigo salmantino Pedro Ciruelo a mediados del siglo XVI, los
saludadores "fingen ellos que son familiares de San Catalina o de
Santa Quiteria y que estas santas les han dado virtud para sanar de la
rabia".
La Inquisición
investigaba si el poder del saludador provenía de un pacto con el demonio. Si
no era así, podían ejercer, aunque siempre bajo la vigilancia de la Iglesia y
las autoridades civiles.
5. El Reconocimiento Social y Económico de los
Saludadores
5.1. Contratos Municipales
Los
ayuntamientos contrataban a los saludadores para que atendieran a los vecinos y
a sus ganados. En 1495, Madrid contrató a Juan Rodríguez de Palacio, saludador
de Getafe, "por desde Nuestra Señora de agosto en un año con
salario de un cahíz de trigo, con que sea obligado de venir cada vez que la
villa le llamare”.
En 1621, el
Ayuntamiento de Enguera (Valencia) abonó 4 libras anuales a Alfonso de Medina y
le nombró saludador "para que los que sean mordidos por perros
rabiosos los cure con su saliva”.
En 1631, el
cabildo municipal de Jaén pagó a Juan de las Peñas veinticuatro reales "por
el beneficio público que hace con la gracia que Dios le dio y salud de los
ganados, el qual a de asistir todo este año”.
5.2. Salarios y Privilegios
Los salarios
variaban según el tamaño de la población y el número de cabezas de ganado. En
Cabanillas de la Sierra (Madrid), con 41 vecinos, pagaban 45 reales al año. En
Chinchón, 400 reales; en Guadarrama, 130; en Moralzarzal, 100.
Algunos
saludadores gozaron de privilegios especiales. José Méndez, saludador de Villa
del Prado (Madrid) a principios del siglo XVIII, estuvo exento, como los nobles
y eclesiásticos, de pagar la mayoría de los impuestos durante años. En 1894, el
Ayuntamiento de Ibahernando (Cáceres) acordó animar a los pueblos limítrofes a
pagar a un hombre para que sustituyera en el servicio militar a Felipe Cancho,
saludador, porque era "de gran utilidad a esos pueblos”.
5.3. El Final del Oficio
Hacia mediados
del siglo XVIII, el número de saludadores farsantes aumentó de tal forma que
las autoridades civiles y eclesiásticas comenzaron a prohibirles ejercer. En
Guipúzcoa, las Juntas Generales mandaron en 1743 que las justicias impidieran a
los saludadores hacer curaciones. El Real Despacho de 24 de diciembre de 1755
ordenó que "de aquí adelante no se paguen de los efectos de la
República maravedís algunos a ningún saludador por salario ni en otra forma”.
A pesar de
estas órdenes, los saludadores siguieron existiendo hasta principios del siglo
XX. A fines del XIX había repartidos por diferentes barrios madrileños unos
300, de los que más de la mitad eran mujeres. En la segunda década del siglo
XX, en algunos pueblos del suroeste de la provincia de Madrid, todavía se
utilizaban sus servicios para curar a los ganados.
6. Aportación al Corpus Naturopaticum
La figura de los saludadores, y en particular el caso de Tomasa la Chiclanera, constituye un eslabón fundamental en la historia de la Naturopatía española por varias razones:
|
Dimensión |
Aportación |
|
Ontológica |
Los saludadores practicaban
una forma de curación basada en agentes naturales (saliva, aliento, agua,
hierbas), reconociendo implícitamente la capacidad del organismo para sanar. |
|
Epistemológica |
Su conocimiento era empírico,
transmitido de generación en generación, y se validaba por los resultados
obtenidos en la práctica. |
|
Praxeológica |
Su oficio estaba regulado
(licencias, exámenes, contratos), lo que indica un intento de ordenación
profesional de la práctica curativa. |
|
Histórica |
Constituyen el antecedente
más directo de la profesionalización de la Naturopatía en España, que
culminaría en el siglo XX con figuras como José Castro, Nicolás Capo y la
Orden de 1926. |
Los
saludadores, con su respeto por los procesos naturales, su uso de agentes
sencillos y su papel como educadores sanitarios en las comunidades rurales, son
los precursores de la Naturopatía en España.
7. Conclusión
La detención
de Josefa Tomasa Rojas y Bueno, "Tomasa la Chiclanera", por el
comisario inquisitorial de Lucena en 1799, nos ofrece una ventana privilegiada
a un mundo fascinante: el de los saludadores, figuras populares que durante
siglos ejercieron una práctica de curación basada en el aliento, la saliva y
ciertos conocimientos empíricos.
En su
declaración, Tomasa no se definió como curandera, ni como hechicera, ni como
bruja. Se definió como "saludadora”, reivindicando así un
oficio con siglos de historia, con reconocimiento social, con licencias
eclesiásticas y con contratos municipales. Era la última defensa de una
tradición que, aunque en decadencia, aún tenía vigencia en la España del cambio
de siglo.
Los
saludadores fueron, en muchos sentidos, los antecesores de la
Naturopatía española. Practicaban una medicina natural, basada en agentes
sencillos, en el respeto a los procesos del cuerpo y en la confianza en la
capacidad de autocuración. Fueron perseguidos por la Inquisición cuando se les
acusaba de pacto con el demonio, pero también fueron contratados por
ayuntamientos, eximidos de impuestos y considerados "de gran
utilidad" para las comunidades.
La Profesión Naturopática
trae a la memoria a Tomasa la Chiclanera y a todos los saludadores que, en la
oscuridad y el anonimato, mantuvieron viva una tradición de curación natural
que hoy, 130 años después de la fundación de la Naturopatía como profesión
organizada, sigue siendo el fundamento de nuestra práctica.
Conocer su
historia es conocer nuestras raíces. Y conocer nuestras raíces es fortalecer
nuestra identidad como ciencia de la salud autónoma, con una historia que no
comienza en 1896, sino que se hunde en los siglos de experiencia popular de
curación natural.
Referencias
- Archivo Histórico Nacional. Inquisición de
Córdoba. Legajo 1799. Declaración de Josefa Tomasa Rojas y Bueno,
"Tomasa la Chiclanera". (Referencia documental).
- Naturopatía Digital. (2012, 26 de julio).
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- Naturopatía Digital. (2012, 26 de julio).
Los Saludadores (II). Contratos y salario de los Saludadores. Recuperado
de https://naturopatiadigital2.blogspot.com/2012/07/los-saludadores-ii-contratos-y-salario.html
- Naturopatía Digital. (2012, 26 de julio).
Los Saludadores (IV). Datos historiográficos. Recuperado de https://naturopatiadigital2.blogspot.com/2012/07/los-saludadores-iv-datos.html
- Naturopatía Digital. (2017, 6 de abril). Los
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- Naturopatía Digital. (2026). 130
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- Naturopatía Digital. (2026). La
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Madrid: OCNFENACO.
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