El Cuerpo como Confluencia Cósmica: Centros y Canales de Recepción
La sabiduría maya, plasmada en representaciones como las del Códice Vaticano, concibe el cuerpo humano como un ser vibrante de energía, intrínsecamente ligado al Movimiento Universal Cósmico. Las ilustraciones muestran el organismo rodeado por los 20 símbolos de la rueda del Movimiento Universal, que señalan la ubicación precisa de 13 centros mayores del "cuerpo solar". Esta concepción de centros energéticos es precursora de lo que hoy en día, en diversas tradiciones de salud, se conoce como chakras o puntos de acumulación energética.
Para estos pueblos, el ser humano reacciona y se nutre de las fuerzas o fluidos que penetran en él a través de una intrincada red de 90 canales de recepción telúrica y cósmica. Estos canales actúan como filtros y transformadores: al recibir los fluidos, los someten a una profunda metamorfosis antes de enviarlos a las células. Esta transformación convierte los fluidos en "corrientes de corpúsculos sintéticos de naturaleza química impulsiva y aceleradora", una suerte de energía atómica, diminuta pero poderosa. Al penetrar en las células y órganos, estos fluidos revitalizan y fertilizan permanentemente el sistema fisiológico, restaurando la elasticidad y lubricación necesarias para la salud integral. Un concepto que evoca la Higioergia y la capacidad innata del cuerpo para regenerarse cuando los Agentes Naturales de Salud (ANS) fluyen sin impedimentos.
Antenas del Cosmos y la Tierra: La Red Electromagnética Interna
La precisión anatómica-energética maya se manifiesta en la descripción de 60 canales superiores, concebidos como "antenas de atracción", y 30 canales menores distribuidos en el sistema neurovegetativo. A través de estas vías, el cuerpo recibe una miríada de influencias:
- Cósmicas y Quánticas: Luz, electrones, influencias atómicas y moleculares.
- Sutiles: Fluidos etéricos, efluvios, rayos solares, planetarios y lunares.
- Telúricas: Emanaciones intraterrestres y magnetismos elementales.
Estos canales poseen la capacidad de acumular, transformar y propagar estas influencias a conductos aún más sutiles, los ya mencionados "Ehecanes o Tubos de Aire". La función de los Ehecanes es estimular, completar y reforzar los órganos en sus procesos fisiológicos y psicológicos generales, resaltando la interconexión entre el plano físico y el mental/emocional que la Naturopatía Holística tanto valora.
Anatómicamente, estos canales se distribuían polarmente: algunos en la superficie ventral, considerada la Región Femenina (receptiva), y otros en la superficie dorsal, la Región Masculina (activa). Esta dualidad refleja la comprensión ancestral de los principios de polaridad y equilibrio energético.
Desequilibrio y Restauración: Una Visión Ancestral de la Salutogénesis
Para los Mayas, el desequilibrio orgánico surgía cuando "agentes internos y externos en degeneración" se incorporaban a los fluidos cósmicos o telúricos. Este fenómeno se fundamentaba en la pérdida de la capacidad funcional de los canales: al deteriorarse, dejaban paso a las sustancias nocivas, impidiendo el flujo armónico de la energía vital y afectando la Tensión Homeostática. Esta explicación ancestral del origen de la disfunción se alinea con la visión naturopática de las toxemias y los bloqueos energéticos como precursores de la enfermedad.
Reconocían que los fluidos, en su polaridad activa y pasiva, tenían la tarea de formar combinaciones de ácidos en todos los cuerpos, orgánicos e inorgánicos. Esto sugiere una comprensión de la bioquímica interna del organismo.
Ante el desorden, los Mayas concebían la posibilidad de influir en los elementos perturbados de los fluidos mediante un "reforzamiento adecuado". Observaron que algunos órganos recibían fluidos magnéticos del interior al exterior, afectando las funciones del organismo de manera directa y armoniosa, mientras que en otros el proceso era inverso.
La Práctica Curativa: Magnetización y Reequilibrio Energético
La intervención para restaurar el equilibrio era una práctica ritualizada y precisa. Para seleccionar y modular los "fluidos positivos y negativos", los Mayas utilizaban una tabla de madera extraída del ZIMAN CHE (la cruz del árbol), que aún hoy se encuentra en algunas regiones de México y Guatemala. Esta madera era magnetizada adecuadamente en "Luna Creciente", momento en que se consideraba que la savia (un conductor de potenciales eléctricos positivos y negativos) estaba más sana y pura.
El Salutante se colocaba boca abajo sobre la tabla por un tiempo, y luego boca arriba, orientado de Norte a Sur en consonancia con la atracción o rechazo de los fluidos (cabeza al Norte para atraer, al Sur para rechazar). Posteriormente, el sacerdote, tras realizar el PEAN (un ofrecimiento) y con movimientos específicos del HIA-HIU, recorría con sus manos las 60 zonas mayores del cuerpo. Su objetivo era "cerrar o abrir las puertas de las fuerzas etéreas y estelares, así como las telúricas provenientes del interior de la Tierra", restaurando así el flujo energético vital.
Esta sofisticada práctica ancestral es un ejemplo palmario de una praxiología naturopática basada en la modulación de las energías vitales, la influencia de los elementos naturales (sol, luna, tierra, magnetismo) y una profunda comprensión de la conexión entre el macrocosmos y el microcosmos del ser humano. Demuestra un conocimiento práctico de la Vis Regeneratrix Naturae y la capacidad de influir en los Terrenos Biofuncionales a través de intervenciones energéticas.
En la siguiente parte, continuaremos desvelando el criterio naturopático en las culturas Toltecas y Olmecas.

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