Podríamos decir que el cuerpo humano llega al mundo perfectamente equipado con defensas innatas, o inespecíficas, ya que estas defensas son parte de nuestra anatomía. A medida que envejecemos, tendemos a restringir nuestras actividades físicas a veces por miedo a lesionarnos y sufrir las consecuencias de una recuperación deficiente que afectará nuestra calidad de vida a largo plazo. Es completamente normal sentir estos miedos porque las lesiones, el envejecimiento y la menopausia no suelen ir bien juntos.
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